FEDESIBA

Desde la prehistoria tenemos numerosos testimonios que demuestran la habitabilidad de esta comarca. Concretamente, podemos fechar en la Edad de Bronce los primeros vestigios constatados tales como las pinturas rupestres esquemáticas en la Sierra Grande de Hornachos (La Sillá, Peñón Grande o Sierra de Pinos) o en Las Calderitas del pueblo de La Zarza, un poblado fortificado en Alange, así como uno de los más importantes yacimientos calcolíticos de Europa localizado en "La Pijotilla" cercano a Solana de los Barros.

De época posterior datan las necrópolis de Villafranca de los Barros y el importante asentamiento del "Cerro de Hornachuelos" en Ribera del Fresno, donde se aprecian los restos de una ciudadela amurallada con su entramado de calles y necrópolis. En los últimos años se están en investigando otros yacimientos como el de "El Palomar" en Oliva de Mérida (s. VII a V a.C.). 

Fue durante la dominación romana cuando la zona alcanzó una mayor relevancia, no sólo por la riqueza de sus campos, sino por poner en conexión las poblaciones del valle medio del Guadiana con las del Guadalquivir. Consecuencia de ello fue la construcción de la principal calzada romana del oeste peninsular: la Vía de la Plata. 

Por otro lado, más al este encontramos que la denominada después Cañada Real Leonesa Occidental coincide con asentamientos prerromanos y romanos, indicativo de su importancia primigenia en el tráfico de mercancías y ganado y el enlace de Corduba e Hispalis con Emérita Augusta. Testigo de lo cual se conservan miliarios (columnas o piedras que indicaban la distancia de 1000 pasos) romanos en el término de Hinojosa del Valle. Aparte, la proximidad de la capital de la Lusitania y el fácil acceso a las tierras diseminó por doquier las "villae". 

Rara es la población que no encuentre en su entorno restos, especialmente del siglo II al IV d.C., de los que se tiene constancia en Alange con su castillo que primero fue fortaleza romana (Castrum Colubri), en Torremejía con una presa e inscripciones, en Solana de los Barros y Santa Marta con mosaicos de una "villa", o en Entrín Bajo con elementos constructivos y un pequeño puente. De entre todos destaca en mucho la recuperación de las termas romanas de Alange a partir del siglo XVIII, hoy aderezadas con la ampliación de un moderno balneario de prestigio reconocido. 

El dominio visigodo no dejó sus huellas particularmente en esta zona, absorbida su importancia todavía por la Mérida metropolitana, salvo pequeñas muestras en Hornachos. Sin embargo, la ocupación árabe hasta el siglo XIII, generalmente, y hasta el XVI en el caso de los moriscos de Hornachos, devuelve a estos territorios una importancia que desde entonces no han perdido. Esta ocupación no fue tanto por cumplir objetivos militares como por establecer asentamientos para el aprovechamiento agrícola. De hecho, los restos de fortificaciones militares se ubican únicamente en Alange y Hornachos. 

El cultivo de las huertas en las riberas supuso durante siglos la mejor aportación de los árabes, tanto que, tras la reconquista cristiana y hasta nuestros días, han perdurado las técnicas y conocimientos utilizados, testimoniado en los restos de las "Huertas Moriscas", auténticas generadoras de productos naturales, algunos de ellos autóctonos. 

La reconquista llevada a cabo a partir de 1.234 supuso que la mayor parte de la zona pasase a depender de la Orden de Santiago y de la desaparecida del Temple. En unos casos sobre enclaves importantes preexistentes como Hornachos o Alange, en otros, refundando poblaciones casi eliminadas por las guerras y penurias como Puebla del Prior, Palomas, Ribera del Fresno o Aceuchal. 

Entre los siglos XIV y XV, en la parte más occidental, tomó gran poder la casa de los Suárez de Figueroa, que por estas tierras dominó Villalba como villa principal y donde edificó un castillo. Además fundó las aldeas de Santa Marta, Solana de los Barros y Corte de Peleas. 

De todos los hechos históricos acaecidos por estos lares hasta el siglo XVII es de especial relevancia el de la presencia de una población morisca en Hornachos. Esto consolidó al pueblo como uno de los centros socioeconómicos más punteros de Extremadura hasta la expulsión de aquellos por la pragmática de Felipe III en 1.610. La impronta morisca se aprecia todavía en el trazado de calles y en construcciones de iglesias de estilo mudéjar.

El carácter de encrucijada, la indefensión natural y la proximidad de asentamientos más importantes en distintas épocas (Mérida, Badajoz, Zafra) nos ha privado de contar hoy con un mayor y más valioso patrimonio arquitectónico, salvando el eclesiástico. De éste son de destacar los ejemplares de iglesias mudéjares construidas bajo la tutela de la Orden de Santiago, símbolo no sólo de un eclecticismo artístico, sino también cultural y social. Ejemplos de ello son las iglesias de Hinojosa del Valle, Hornachos, Puebla de la Reina, Palomas y Alange donde las filigranas de los alarifes mudéjares se alzan en las alturas coronando sus torres. 

En todas las iglesias se guardan obras pictóricas, de orfebrería y tallas de gran valor, especialmente del Barroco en adelante. Ninguna conserva un estilo único y todas han sufrido cambios según las corrientes del momento. Entre las mejor dotadas está la de la Purísima Concepción en Hornachos, declarada Monumento de Interés Cultural, que guarda retablos barrocos, un pila bautismal y hermosas tallas y pinturas, la de Nuestra Señora de la Purificación en Almendralejo que conjuga gótico, plateresco y herreriano y cuyo interior presenta un magnífico conjunto de frescos de Nembrini, Bernardi y Gritti o los retablos barrocos de Palomas, Ribera del Fresno, Santa Marta, Solana de los Barros y Villalba de los Barros. Excepcionalmente, la iglesia de Nuestra Señora del Valle en Villafranca de los Barros se distingue por su estilo gótico.

De los siglos XVII y XVIII proceden los aires urbanos de algunos municipios de la comarca con la construcción de casas solariegas, fruto del asentamiento de grandes propietarios agroganaderos en momentos de paz.

Buena muestra de ellas se encuentran en Ribera del Fresno (Ojeda, Vargas-Zúñiga, Aparicio o Grajera), Aceuchal (Gutiérrez de Salamanca, Solís, Becerra, Castañeda, Rangel, Velasco o Millán de la Hiz) y Almendralejo (Palacio del Marqués de la Encomienda y Palacio de Monsalud). Las calles ofrecen una visión evocadora ante tanta blancura de fachadas y detalles de molduras y enrejados en portadas y balcones.

También en los campos se han conservado grandes mansiones, algunas de ellas habitadas y en buen estado, datadas de la segunda mitad del XIX o principios del XX como "Las Poyatas" en Palomas o la casa-palacio de los Condes de la Oliva en Oliva de Mérida.